Cuando pensamos en las celebraciones prehispánicas dedicadas a los muertos, casi siempre imaginamos una ceremonia que tenía lugar una vez al año y que, de alguna manera, constituye el antecedente del actual Día de Muertos. Sin embargo, la relación de los mexicas con la muerte era mucho más compleja. En su calendario religioso existían distintas festividades en las que se recordaba a los difuntos, se rendía culto a las deidades relacionadas con la muerte y se realizaban ceremonias vinculadas con el destino de quienes habían abandonado el mundo de los vivos.
El calendario mexica no organizaba el año únicamente mediante estaciones, cosechas o acontecimientos astronómicos. También establecía un ciclo ritual en el que cada periodo tenía sus propias ceremonias, deidades, sacrificios, danzas y significados religiosos. Algunas de estas celebraciones tenían una relación directa con los muertos; otras estaban vinculadas con la regeneración de la vida, la fertilidad, los antepasados y el tránsito entre el mundo terrenal y el sobrenatural.
Para comprender esta relación es necesario acercarnos al xiuhpohualli, el calendario solar de 365 días, dividido en 18 periodos de 20 días, conocidos como veintenas, además de cinco días adicionales llamados nemontemi.
A lo largo de estas páginas recorreremos esas 18 veintenas para conocer sus nombres, sus principales celebraciones y, especialmente, qué lugar ocupaban la muerte y los difuntos dentro de la cosmovisión mexica.
El calendario mexica: 18 veintenas y cinco días adicionales

Antes de comenzar nuestro recorrido, conviene aclarar que los mexicas utilizaban diferentes cuentas calendáricas que se complementaban entre sí. Una de ellas era el tonalpohualli, compuesto por 260 días y relacionado con los destinos y las prácticas adivinatorias; otra era el xiuhpohualli, la cuenta solar de 365 días, que organizaba las actividades agrícolas y las grandes celebraciones religiosas.
Este último estaba compuesto por 18 veintenas de 20 días, equivalentes a 360 jornadas. Al finalizar se incorporaban cinco días adicionales conocidos como nemontemi, considerados días de carácter desfavorable, durante los cuales se evitaban las actividades importantes.
Cada veintena tenía una celebración principal, aunque esto no significa que todas estuvieran dedicadas a una sola deidad o que sus ceremonias fueran idénticas en todas las comunidades nahuas. Los testimonios de los cronistas del siglo XVI, particularmente los de fray Bernardino de Sahagún y fray Diego Durán, permiten reconstruir buena parte de estas prácticas, aunque también presentan diferencias y contradicciones.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al menos cuatro veintenas tuvieron celebraciones funerarias identificables: las relacionadas con Miccailhuitontli, Huey Miccailhuitl, Tepeilhuitl y Tititl. A ellas podemos agregar otras ceremonias en las que se recordaba a guerreros muertos o se realizaban rituales vinculados con el tránsito de la vida a la muerte.
Es importante señalar que los nombres y la posición de algunas festividades presentan variaciones entre las fuentes. Por ejemplo, Miccailhuitontli aparece asociado con Tlaxochimaco y Huey Miccailhuitl con Xócotl Huetzi. Por ello, utilizaremos los nombres más conocidos y explicaremos las particularidades de cada celebración.
Las celebraciones de muerte en el calendario mexica
El siguiente recorrido presenta el orden habitual de algunas veintenas y sus principales asociaciones rituales funerarias.
1. Tlacaxipehualiztli: el desollamiento de los hombres

Esta veintena estaba dedicada principalmente a Xipe Tótec, una deidad relacionada con la renovación de la vegetación, la fertilidad y los ciclos de regeneración.
Su nombre se traduce como «desollamiento de hombres» y hace referencia a uno de los rituales más conocidos de la religión mexica: el sacrificio de cautivos y el posterior uso ceremonial de sus pieles por parte de determinados participantes. La celebración expresaba simbólicamente la renovación de la vida. La piel desprendida representaba una transformación semejante a la que experimenta la naturaleza cuando deja atrás una etapa para dar paso a otra.
No era una fiesta funeraria en sentido estricto, pero sí una ceremonia en la que la muerte y la transformación ocupaban un lugar central dentro de la concepción religiosa del mundo.
2. Tóxcatl: la cosa seca

Tóxcatl, cuyo significado suele relacionarse con «cosa seca», era una de las celebraciones importantes dedicadas a Tezcatlipoca y Huitzilopochtli.
Uno de sus rituales más conocidos consistía en la representación de Tezcatlipoca mediante un joven que, durante un periodo determinado, recibía un trato ceremonial especial. Al finalizar la festividad, era sacrificado y otro joven comenzaba a prepararse para ocupar su lugar en el siguiente ciclo.
Este acontecimiento expresaba la renovación del poder divino y el carácter temporal de la existencia humana. La muerte del joven no era una conmemoración de los difuntos, pero sí constituía una representación ritual de la relación entre la vida, el sacrificio, el poder y la continuidad del orden religioso.
3. Tlaxochimaco o Miccailhuitontli: la ofrenda de flores y la pequeña fiesta de los muertos

Aquí encontramos una de las primeras celebraciones que debemos observar con especial atención. Tlaxochimaco significa «ofrenda de flores» y era una festividad en la que las flores tenían un papel protagonista. Se recolectaban y se ofrecían a las divinidades, comenzando por Huitzilopochtli.
Sin embargo, algunas fuentes históricas, particularmente las referencias de fray Diego Durán, relacionan esta veintena con Miccailhuitontli, expresión que puede traducirse como «fiesta pequeña de los muertos» o «fiesta de los muertecitos». De acuerdo con la interpretación de Durán, esta celebración estaba dedicada especialmente a los niños fallecidos. Su testimonio describe una festividad en la que se recordaba a quienes habían muerto durante la infancia.
La tradición religiosa mexica contemplaba diferentes destinos para los difuntos. No todas las personas llegaban al mismo lugar después de morir: el destino dependía de las circunstancias de la muerte y de la relación que esta tuviera con determinadas fuerzas sobrenaturales.
En algunas interpretaciones, los niños fallecidos se relacionaban con el Cincalco, un espacio asociado con la abundancia y la alimentación. Es importante no presentar esta asociación como una creencia universal sobre todos los niños muertos, pues las fuentes ofrecen información fragmentaria.
Lo interesante es que la celebración no estaba planteada únicamente como un momento de tristeza. También formaba parte de un calendario ritual en el que los difuntos conservaban un lugar dentro de la comunidad.
4. Xócotl Huetzi o Huey Miccailhuitl: la gran fiesta de los muertos
Esta es probablemente la celebración funeraria más importante para comprender los antecedentes prehispánicos de las conmemoraciones mexicanas dedicadas a los difuntos.

Xócotl Huetzi puede traducirse como «cae el fruto». Su nombre hace referencia a una ceremonia en la que se utilizaba un gran tronco o poste que era colocado en un espacio ceremonial y posteriormente derribado.
Sin embargo, fray Diego Durán relacionó esta festividad con Huey Miccailhuitl, es decir, la «gran fiesta de los muertos». De acuerdo con su descripción, durante esta celebración se realizaban ayunos y ceremonias en honor de los difuntos. Uno de los momentos más interesantes consistía en que las personas subían a los techos de sus viviendas para llamar a sus muertos.
Esta práctica resulta particularmente significativa porque nos permite observar una relación entre los vivos y quienes habían fallecido. Los difuntos no eran considerados simplemente seres que habían desaparecido para siempre, sino integrantes de un universo sobrenatural con el que era posible establecer vínculos mediante determinadas ceremonias.
El INAH explica que esta gran celebración estaba relacionada con los guerreros muertos, quienes, según la cosmovisión mexica, acompañaban al Sol y habitaban Tonatiuh ichan, la casa del Sol. Los guerreros fallecidos en combate tenían un destino especial. También se reconocía el destino de las mujeres que morían durante el parto, quienes recibían una consideración particular dentro de la cosmovisión religiosa.
Es importante aclarar que las denominaciones Tlaxochimaco, Miccailhuitontli, Xócotl Huetzi y Huey Miccailhuitl aparecen relacionadas de distintas maneras en los testimonios históricos. No todas las fuentes utilizan los mismos nombres ni describen exactamente los mismos rituales.
Lo que sí podemos reconocer es la existencia de celebraciones dedicadas a los difuntos durante este periodo del calendario, algunas de ellas conmemorativas y otras relacionadas con el culto a las deidades.
5. Teotleco: la llegada de los dioses

Teotleco puede traducirse como «llegada de los dioses». Durante esta veintena se celebraba el regreso de las divinidades al mundo de los seres humanos.
Las ceremonias incluían la preparación de ofrendas y la observación de señales que indicaban la llegada de los dioses. También se realizaban rituales dedicados a Huehuetéotl, el dios viejo del fuego.
La celebración tenía un sentido de renovación espiritual, pues las divinidades volvían a ocupar un lugar dentro del espacio ceremonial de la comunidad.
Aunque no estaba dedicada a los muertos, su significado resulta interesante cuando pensamos en las creencias mexicas sobre la comunicación entre el mundo humano y el sobrenatural. Los dioses podían llegar, permanecer y abandonar nuevamente el espacio de los vivos, mientras los difuntos seguían sus propios destinos.
6. Quecholli: la espátula rosada

Quecholli era una festividad relacionada con Mixcóatl, deidad de la caza, la guerra y los antiguos pueblos cazadores.
Su nombre suele relacionarse con un ave de plumaje rosado, conocida como espátula rosada. Durante esta veintena se realizaban ceremonias de cacería, preparación de armas y fabricación de flechas. Pero hay un detalle que conecta esta celebración con nuestro tema: según la descripción publicada por Arqueología Mexicana, durante el undécimo día se honraba a los guerreros muertos.
Esta referencia resulta importante porque amplía el panorama de las conmemoraciones funerarias. Los guerreros fallecidos no solamente estaban presentes en la gran fiesta de los muertos; también podían recibir honores en ceremonias relacionadas específicamente con la guerra y la cacería.
La muerte en combate tenía un significado especial dentro de la cosmovisión mexica. Los guerreros que morían en estas circunstancias podían acompañar al Sol durante una parte de su recorrido por el cielo, participando así de un destino considerado extraordinario.
Quecholli demuestra que la memoria de los difuntos también estaba vinculada con las actividades militares y los valores de la sociedad mexica.
7. Panquetzaliztli: el levantamiento de las banderas

Panquetzaliztli significa «levantamiento de las banderas» y estaba dedicada principalmente a Huitzilopochtli, la deidad tutelar de los mexicas.
Durante esta veintena se realizaban ceremonias de gran importancia para la identidad política y religiosa de México-Tenochtitlan. Las celebraciones incluían procesiones, danzas, ofrendas y sacrificios. La festividad también estaba relacionada con el mito del nacimiento de Huitzilopochtli y su enfrentamiento contra sus hermanos, los Centzon Huitznáhuac, y su hermana Coyolxauhqui.
Aunque no era una conmemoración funeraria, el sacrificio y la representación de la lucha divina permitían renovar simbólicamente el orden del universo. En este contexto, la muerte volvía a aparecer como parte de una concepción religiosa en la que el sacrificio tenía una función dentro del mantenimiento del equilibrio cósmico.
8. Tititl: el encogimiento o la vejez

Tititl es otra de las veintenas que debemos considerar cuando hablamos de las ceremonias mexicas relacionadas con los difuntos. Su nombre suele traducirse como «encogimiento», aunque también se ha relacionado con la vejez y la contracción.
La festividad estaba dedicada principalmente a Ilamatecuhtli, conocida como «señora vieja», una manifestación de la madre de los dioses. También existían asociaciones con Mixcóatl, deidad vinculada con los antiguos guerreros. Las ceremonias incluían procesiones, cantos, ofrendas y representaciones rituales de la vejez y la maternidad.
El INAH incluye Tititl entre las veintenas que tuvieron celebraciones funerarias. Su relación con los difuntos se vincula con la veneración de los antepasados y con la figura de Mixcóatl, asociada con los guerreros muertos en combate.
Esta celebración permite observar que la memoria de quienes habían fallecido no se limitaba a las festividades que llevaban expresamente el nombre de los muertos. También podía incorporarse a ceremonias dedicadas a deidades y figuras ancestrales.
¿Y qué sucedía durante los cinco días Nemontemi?
Después de Izcalli comenzaban los cinco días adicionales conocidos como nemontemi, cuyo nombre suele traducirse como «días baldíos», «días aciagos» o «días que se completan en vano». Estos días permitían completar los 365 días del ciclo solar, puesto que las 18 veintenas solamente sumaban 360.
Se consideraban periodos desfavorables para emprender actividades importantes, realizar grandes ceremonias o iniciar proyectos. Las personas procuraban mantener cierta cautela, pues se creía que estos días podían traer consecuencias negativas.
No eran días específicamente dedicados a los muertos, pero representaban un periodo de transición entre el final de un ciclo y el comienzo del siguiente. Con la llegada de la primera veintena, Atlcahualo, se reanudaba el calendario ritual.
¿Cuántas celebraciones mexicas estaban dedicadas realmente a los muertos?
Después de recorrer algunas veintenas podemos advertir que no todas las celebraciones tenían el mismo significado funerario. Algunas estaban dedicadas expresamente a los difuntos, otras recordaban a grupos específicos de personas fallecidas y varias más tenían una relación simbólica con la muerte y la renovación de la vida.
Hay que tener presente que Miccailhuitontli y Huey Miccailhuitl no siempre aparecen como nombres independientes de las veintenas en las fuentes. En algunas reconstrucciones se identifican con Tlaxochimaco y Xócotl Huetzi, respectivamente. La lista tampoco significa que cada una de estas celebraciones tuviera el mismo carácter o que todas fueran fiestas generales de los muertos.
La muerte en la cosmovisión mexica: diferentes destinos para los difuntos
Para comprender por qué existían distintas celebraciones funerarias durante el año, es necesario recordar que los mexicas no concebían el más allá como un único lugar al que llegaban todas las personas después de morir.
El destino de los difuntos dependía, principalmente, de las circunstancias de su fallecimiento. Esta creencia ayuda a explicar por qué algunas celebraciones estaban relacionadas con los niños, otras con los guerreros y otras con las personas que morían por causas vinculadas con el agua.
Entre los principales destinos sobrenaturales encontramos los siguientes:
Mictlan. Era el lugar al que llegaban quienes fallecían por causas consideradas naturales. Su recorrido implicaba atravesar diferentes pruebas durante un largo viaje que, de acuerdo con las fuentes, duraba cuatro años. Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl eran las principales deidades asociadas con este lugar.
Tonatiuh ichan. Conocida como la casa del Sol, era el destino de los guerreros muertos en combate y de las mujeres que fallecían durante el parto. Los primeros acompañaban al Sol durante su recorrido por el cielo y las mujeres participaban en otra parte de ese trayecto.
Tlalocan. Era el paraíso asociado con Tláloc, caracterizado por la abundancia de agua y vegetación. Allí llegaban quienes morían ahogados, alcanzados por un rayo o por determinadas enfermedades relacionadas con las divinidades acuáticas.
Cincalco. Este lugar aparece relacionado en algunas fuentes con los niños fallecidos y con una condición de abundancia y alimentación. Sin embargo, las interpretaciones sobre su significado y sus habitantes requieren cautela, pues los testimonios no son uniformes.
Estas diferencias permiten entender por qué las ceremonias funerarias mexicas no estaban concentradas en una sola fecha. Los difuntos formaban parte de distintas categorías religiosas y sus conmemoraciones podían integrarse en celebraciones dedicadas a las divinidades relacionadas con sus destinos.
¿El Día de Muertos actual proviene de estas celebraciones mexicas?
La pregunta resulta inevitable. Si los mexicas realizaban diferentes ceremonias en honor a sus difuntos, ¿podemos considerar que el actual Día de Muertos es una continuación directa de aquellas festividades?
La respuesta requiere algunos matices. Las celebraciones contemporáneas del Día de Muertos son resultado de un proceso histórico de transformación cultural en el que confluyeron las tradiciones indígenas y las prácticas religiosas introducidas por los españoles durante la época colonial.
Las conmemoraciones católicas de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre, se incorporaron a un territorio donde ya existían diferentes formas de relacionarse con los antepasados y con quienes habían fallecido. Durante los siglos posteriores se desarrollaron nuevas costumbres, ofrendas, alimentos ceremoniales y expresiones comunitarias que dieron forma a las celebraciones que conocemos actualmente. Por ello, sería incorrecto afirmar que el Día de Muertos moderno simplemente reproduce una antigua fiesta mexica. Tampoco sería adecuado sostener que todas las tradiciones actuales surgieron exclusivamente de la religión católica. Lo que encontramos es un proceso de intercambio, adaptación y permanencia cultural.
Quizá uno de los aspectos más interesantes de esta historia sea precisamente que la relación de los mexicanos con sus difuntos no comenzó con una festividad de dos días. Para los pueblos nahuas del México antiguo, la muerte formaba parte de un universo religioso que se expresaba durante todo el año.
Y aunque las ceremonias han cambiado profundamente con el paso de los siglos, la idea de mantener presente a quienes ya no están continúa ocupando un lugar importante en nuestra cultura.

Fuentes y referencias:
Para la elaboración de este artículo conviene consultar tanto las crónicas del siglo XVI como las investigaciones contemporáneas. Particularmente importantes son:
1. Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). «El origen del Día de Muertos». Un análisis de las celebraciones funerarias mexicas y su relación con las tradiciones posteriores. Consultar artículo del INAH.
2. Enrique Vela, Arqueología Mexicana. «Las fiestas de las veintenas». Una descripción de las 18 celebraciones del calendario solar mexica, sus deidades y sus principales rituales. Consultar Las fiestas de las veintenas.
3. Omar Tapia Aguilar (2022). In tlamacazque in tlamaceuhque, los dadores, los penitentes. Los sacerdotes nahuas prehispánicos en las fiestas de las veintenas. Tesis de maestría, UNAM. Consultar investigación académica.
4. Elena Mazzetto (2024). «Nuevas reflexiones sobre el origen y el contenido de las fiestas del año solar en el Códice Borbónico». Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM. Consultar investigación.
5. Fray Bernardino de Sahagún. Historia general de las cosas de Nueva España. Una de las fuentes documentales fundamentales para conocer las ceremonias religiosas y la cosmovisión de los pueblos nahuas.
6. Fray Diego Durán. Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme. Particularmente relevante para conocer sus testimonios sobre Miccailhuitontli y Huey Miccailhuitl.
7. Patrick Johansson (2002). «Michel Graulich, Fiestas de los pueblos indígenas. Las fiestas de las veintenas, ritos aztecas». Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM. Consultar referencia académica.
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