“El Pasajero del Diablo”… Buena, pero le falta.

Antes de verla, El pasajero del diablo (Passenger, 2026) parecía otra película más sobre demonios. Sin embargo, su mayor acierto es que traslada el terror a un escenario que todos los viajeros conocen: la carretera. Las autopistas solitarias, las gasolineras abiertas de madrugada, los accidentes inexplicables y esas reglas no escritas que los conductores suelen repetir (“no te detengas”, “no recojas a desconocidos”, “si algo parece extraño, sigue de largo”) se convierten en el verdadero corazón de una historia que juega con las supersticiones de quienes pasan muchas horas al volante. Aunque está lejos de convertirse en un clásico del género, sí ofrece poco más de hora y media de entretenimiento para los aficionados al terror sobrenatural.

Cuando la carretera también tiene sus propias leyendas

Para quienes disfrutamos los relatos de carretera —un tema que encaja perfectamente con nuestra razón de ser — la película resulta especialmente interesante. A diferencia de muchas cintas de terror contemporáneas que sitúan el horror en casas embrujadas o edificios abandonados, aquí el enemigo aparece en un espacio abierto donde, paradójicamente, no existe ningún lugar seguro.

La historia sigue a Maddie y Tyler, una pareja que decide abandonar la vida convencional para recorrer Estados Unidos en una camper. Todo cambia después de detenerse para auxiliar en un terrible accidente nocturno. Desde ese instante una presencia demoníaca comienza a seguirlos, obligándolos a enfrentarse no sólo al monstruo, sino también a una antigua creencia entre viajeros: hay encuentros en la carretera que jamás debieron ocurrir.

Ese planteamiento recuerda muchas supersticiones populares que existen en distintos países: evitar conducir durante ciertas horas de la madrugada, no detenerse cuando alguien aparece misteriosamente en medio del camino o no mirar demasiado tiempo por el retrovisor. La película nunca intenta explicar completamente el origen de estas creencias, y precisamente ahí encuentra parte de su encanto.

Un terror efectivo… pero no memorable

Hay que decirlo desde el principio: es una buena película de terror, pero no una gran película.

André Øvredal demuestra nuevamente que sabe construir tensión. Ya lo había hecho con otras producciones donde la atmósfera pesa más que los efectos especiales, y aquí vuelve a aprovechar la oscuridad de las carreteras, los silencios y la sensación de aislamiento para generar momentos realmente inquietantes.

Los sobresaltos funcionan, el diseño de la criatura resulta inquietante y varias escenas nocturnas consiguen mantener la tensión. El problema aparece cuando la película intenta desarrollar su propio universo. Conforme avanza la historia, muchas reglas sobre la entidad demoníaca parecen cambiar según conviene al guion, reduciendo parte del misterio.

Además, algunos personajes toman decisiones difíciles de justificar incluso dentro de una película de terror. Hay momentos en los que resulta evidente que ciertas acciones sólo existen para prolongar la historia, algo que puede sacar al espectador de la experiencia.

El desenlace tampoco alcanza el impacto que prometía el excelente arranque. La primera mitad genera expectativas muy altas que la resolución no termina de cumplir.

Los errores que impiden que dé el salto

Sin entrar en spoilers, hay varios aspectos que le restan fuerza.

Uno de ellos es la inconsistencia de las reglas del demonio que tiene mucho potencia, pero en algunos momentos parece omnipresente y prácticamente invencible; en otros, desaparece durante largos periodos sin una explicación clara.

También existen pequeños problemas de lógica relacionados con los desplazamientos de los protagonistas, la facilidad con la que ciertos personajes aceptan situaciones extraordinarias y algunas conveniencias narrativas que aparecen justo cuando el guion las necesita. Nada de esto arruina la experiencia, pero sí evita que la película alcance el nivel de las mejores propuestas del terror contemporáneo.

Un reparto sólido y una producción con experiencia

Uno de los puntos fuertes es el reparto encabezado por Lou Llobell, conocida por la serie Foundation, y Jacob Scipio, quien aporta credibilidad a una pareja que transmite cercanía desde los primeros minutos. A ellos se suma Melissa Leo, cuya participación, aunque breve, aporta peso dramático gracias a su experiencia.

La dirección corre a cargo de André Øvredal, responsable de títulos como The Autopsy of Jane Doe y Scary Stories to Tell in the Dark, especializado en crear atmósferas inquietantes sin depender exclusivamente de los efectos digitales. En la producción también aparecen nombres importantes del terror comercial moderno, como Gary Dauberman y Walter Hamada, mientras que la distribución cuenta con el respaldo de Paramount Pictures, que ya sabe lo que se está moviendo hoy en el cine de terror.

#Vanlife y otras otras tendencias

Una de las ideas más interesantes de la película es que convierte el estilo de vida “van life” en un escenario de horror. Lo que normalmente representa libertad para miles de viajeros aquí se transforma en una trampa donde nunca existe un refugio permanente.

También resulta llamativo el uso de la figura de San Cristóbal, patrono tradicional de los viajeros, incorporando elementos del folclore y las creencias populares dentro de una historia claramente sobrenatural.

Otro detalle es que la película evita abusar del CGI durante buena parte del metraje, privilegiando la oscuridad y la sugerencia visual para mantener el misterio.

¿Dónde puede verse?

Después de su paso por los cines, El pasajero del diablo ya puede verse en formato digital mediante alquiler o compra en plataformas como Apple TV y Amazon Prime Video, dependiendo del país.

Calificación de Mochilazo Cultural

Para quienes disfrutan las historias de fantasmas en hoteles, carreteras embrujadas, moteles perdidos o leyendas de viajeros, El pasajero del diablo tiene un atractivo especial porque recupera uno de los escenarios más universales del miedo: el camino.

No reinventa el género, tampoco será recordada entre las grandes películas de terror de la década, pero cumple con su principal objetivo: entretener, mantener la tensión y hacer que, la próxima vez que conduzcas de noche por una carretera solitaria, mires dos veces por el espejo retrovisor antes de detenerte.

Calificación de Mochilazo Cultural: 7/10. Una película recomendable para una noche de terror, especialmente si las historias de carretera y las supersticiones de los viajeros siempre te han parecido tan inquietantes como fascinantes.

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