Fotografía de otoño, ¿la mejor estación fotográfica?

Hay estaciones que parecen pedirnos una fotografía. El otoño es, quizá, una de las más evidentes. Las hojas comienzan a cambiar de color, la luz se vuelve más cálida, aparecen las primeras mañanas frías y los árboles empiezan a transformar el paisaje casi sin que nos demos cuenta. Una calle cualquiera puede adquirir otra personalidad y un parque que hemos recorrido muchas veces puede convertirse, durante unas cuantas semanas, en un escenario completamente diferente.

Pero fotografiar el otoño no consiste solamente en buscar un árbol lleno de hojas amarillas. También consiste en aprender a mirar.

La fotografía de otoño tiene algo de paciencia. Hay que esperar determinada luz, caminar un poco más, observar el suelo, descubrir los reflejos después de la lluvia y entender que, muchas veces, una buena fotografía no está frente a nosotros sino unos cuantos pasos más adelante. Y para quienes disfrutamos viajar con una cámara, esta estación ofrece una excelente excusa para volver a salir a fotografiar.

El otoño cambia la luz y también cambia la fotografía

Una de las primeras cosas que podemos notar al fotografiar durante el otoño es que la luz parece acompañar la transformación del paisaje. Las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde pueden producir una iluminación particularmente atractiva sobre árboles, edificios y caminos. Las hojas amarillas y anaranjadas reciben la luz de una manera diferente a como lo hacen durante el verano, mientras que los días nublados pueden producir fotografías mucho más suaves.

No siempre necesitamos un cielo azul. De hecho, una mañana cubierta de nubes puede ser perfecta para fotografiar un bosque. La luz difusa reduce los contrastes fuertes y permite trabajar con mayor detalle en las hojas, los troncos y las texturas.

La fotografía de otoño también nos recuerda algo bastante sencillo: la cámara registra la luz, no solamente el paisaje. Por eso, dos fotografías del mismo árbol pueden ser completamente diferentes dependiendo de la hora en que fueron tomadas.

Amarillo, naranja, rojo… pero también verde y marrón

Cuando pensamos en otoño imaginamos inmediatamente una explosión de colores cálidos: amarillos, ocres, naranjas y rojos.

Sin embargo, una de las posibilidades más interesantes consiste precisamente en no intentar convertir todo el paisaje en una postal saturada. Los fotógrafos especializados en paisaje suelen trabajar también con los tonos que acompañan al otoño: verdes todavía presentes en los árboles, marrones de los troncos, grises del cielo, negros de las sombras y los tonos apagados de los caminos.

La fotógrafa y creadora Aleika Heerman, por ejemplo, ha sido destacada por Sony Alpha Universe por sus fotografías de paisaje y viaje, incluyendo escenas otoñales en las que la niebla y una composición sencilla tienen tanto peso como los propios colores de las hojas.

Esto nos deja una buena lección: no todo tiene que ser espectacular para ser fotografiable.A veces una fotografía funciona precisamente porque nos obliga a detenernos.

Las hojas caídas también cuentan una historia

Quizá prestamos demasiada atención a los árboles. Levantamos la cámara y fotografiamos las copas llenas de hojas amarillas, pero olvidamos mirar hacia abajo.

El suelo puede convertirse en uno de los grandes protagonistas de la fotografía de otoño. Una avenida cubierta de hojas, unas botas caminando sobre ellas, una bicicleta abandonada, una banca de parque o incluso una sola hoja sobre una superficie mojada pueden contar mucho acerca de la estación.

Aquí entra un elemento fundamental de la fotografía de viajes: los detalles.

Cuando estamos de viaje solemos preocuparnos por fotografiar monumentos, paisajes y lugares famosos. Pero las fotografías que años después nos ayudan a recordar cómo se sentía un lugar pueden ser mucho más pequeñas.

Una hoja pegada a una banqueta, el vapor de un café, una persona caminando bajo los árboles, el reflejo de una fachada en un charco, el otoño está lleno de esas pequeñas historias.

La niebla: una aliada del fotógrafo

Hay una combinación particularmente fotogénica: otoño y niebla.

La niebla elimina información del fondo, suaviza los colores y crea profundidad. Los árboles que se encuentran a pocos metros aparecen definidos, mientras que los que están más lejos desaparecen progresivamente. Es una manera natural de crear capas dentro de una fotografía.

Sony Alpha Universe ha dedicado varias de sus selecciones de fotógrafos precisamente a este tipo de paisaje otoñal, destacando imágenes en las que los bosques cubiertos de niebla adquieren una atmósfera completamente distinta. Un ejemplo es George Duluth con su perspectiva naturalista y poética

Para el viajero con cámara esto también tiene una consecuencia interesante: un día que parecía malo para hacer turismo puede convertirse en un excelente día para fotografiar. Quizá la lluvia arruinó nuestro plan de picnic, pero puede haber creado el reflejo perfecto en una calle.

Fotografiar el otoño también es fotografiar el clima

Una fotografía otoñal no tiene necesariamente que mostrar hojas. Puede mostrar el clima.

Una persona abrigada caminando por una calle, un paraguas, una ventana empañada, una montaña cubierta por nubes o los primeros rayos del sol atravesando un bosque pueden transmitir la sensación de la estación sin necesidad de mostrar un solo árbol rojo.

El fotógrafo Mike Olbinski (@mikeolbinski): cineasta ganador de premios Emmy, especializado en impresionantes videos en time-lapse y súper celdas gigantescas en EE. UUha construido buena parte de su trabajo alrededor de los paisajes, los viajes en familia y las condiciones cambiantes del clima. Una recopilación de fotógrafos de viaje de Canva destaca precisamente su interés por esperar condiciones atmosféricas capaces de producir una luz y unas nubes diferentes.

Y aquí aparece una palabra que cualquier fotógrafo de viajes debería tener presente: paciencia. A veces no hay que cambiar de lugar. Hay que esperar ese momento.

Cuando el otoño se convierte en una atmósfera

Otro fotógrafo que puede servir como referencia es Max Rive (@maxrivephotography). Su fotografía de paisaje se caracteriza por una aproximación atmosférica, con niebla, nubes, condiciones meteorológicas cambiantes y una paleta que con frecuencia se aleja de los colores excesivamente saturados. Y esto resulta particularmente interesante para fotografiar el otoño.

Porque existe una diferencia entre fotografiar el otoño y fotografiar la sensación de otoño; la primera opción puede ser una fotografía llena de colores, la segunda puede ser una calle casi vacía, una persona caminando entre árboles, una montaña cubierta de niebla o una casa perdida entre la vegetación. No estamos documentando solamente una estación, estamos intentando transmitir cómo se siente.

El otoño también está en las ciudades

No hace falta internarse en un bosque para encontrar buenas fotografías. Las ciudades también tienen otoño.Un parque urbano, un cementerio, una avenida arbolada, una estación de tren, una plaza o una calle residencial pueden convertirse en escenarios interesantes.

De hecho, la fotografía urbana permite mezclar los colores de la vegetación con elementos completamente humanos: automóviles, edificios, bicicletas, escaparates, personas y transporte público.

El fotógrafo mexicano Santiago Arau es un buen ejemplo de cómo un paisaje puede ser observado desde perspectivas diferentes. Su trabajo, conocido también por la fotografía aérea, ha explorado desde campos de agave hasta espacios urbanos y grandes concentraciones de personas, trabajando con geometría, color y composición. Su cuenta de Instagram, @santiago_arau, ha sido incluida recientemente entre las cuentas mexicanas de fotografía destacadas.

No necesariamente tenemos que imitar su trabajo, podemos aprender de su manera de observar; una avenida puede convertirse en una composición, un parque puede convertirse en un conjunto de líneas y una multitud puede convertirse en una textura.

El otoño mexicano también merece una cámara

Cuando hablamos de fotografía otoñal solemos pensar inmediatamente en Canadá, Estados Unidos, Japón o Europa.

Es comprensible. Las imágenes de esos destinos durante el otoño son espectaculares.

Pero México también tiene paisajes que cambian durante esta época del año. Los bosques de las zonas montañosas, los pueblos rodeados de árboles, las áreas naturales y algunos parques urbanos ofrecen oportunidades diferentes para observar la transformación de la vegetación.

Y hay algo más interesante todavía: nuestro otoño no tiene que parecerse al de una fotografía tomada en Nueva Inglaterra para ser otoño.

En México podemos encontrar expresionesd culturales que complementan los ocres, naranjas, luz dorada, vegetación de diferentes tonalidades, lluvia, caminos húmedos y árboles que pierden sus hojas de maneras distintas. La fotografía de viajes funciona mejor cuando dejamos de intentar que el lugar que visitamos parezca otro.

En lugar de buscar “el otoño de Instagram”, podemos intentar encontrar nuestro propio otoño.

Una caminata puede convertirse en una sesión fotográfica

Quizá ésta sea la mejor manera de acercarnos a la fotografía de otoño. No necesitamos organizar un gran viaje, podemos comenzar con una caminata, salir temprano, llevar la cámara o incluso el teléfono, caminar por un parque que conocemos, mirar hacia arriba después mirar hacia abajo, Esperar, cambiar de dirección, acercarnos alejarnos, observar cómo cambia la luz y hacer fotografías que no necesariamente tengan un monumento famoso como protagonista.

La fotografía de otoño puede ser una excelente forma de recuperar algo que a veces perdemos cuando viajamos: la capacidad de caminar sin prisa.

Una cámara para guardar una estación que dura poco

Hay algo particularmente interesante en fotografiar el otoño: sabemos que no durará demasiado, las hojas cambiarán de color después caerán, la luz cambiará, llegará el invierno y el mismo lugar que fotografiamos hoy será diferente unas semanas después. Por eso una fotografía otoñal también es una fotografía del tiempo, no solamente estamos guardando un paisaje, estamos guardando un momento específico de ese paisaje. Quizá por eso las fotografías de otoño producen cierta nostalgia incluso cuando acabamos de tomarlas nos recuerdan que aquello que estamos viendo ya está desapareciendo, quizá ésa sea la verdadera razón por la que nos gusta tanto fotografiar esta estación; no buscamos solamente colores bonitos. buscamos detener, aunque sea durante una fracción de segundo, algo que sabemos que no podemos detener.

Ángel Abraham Chávez Barrera

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