¿Qué sucede cuando tomas un grupo de fotógrafos, cinefotógrafos, realizadores audiovisuales y creadores de contenido de distintos países, los lleva a un escenario extraordinario y durante varios días los pone a fotografiar, grabar, experimentar y convivir? La respuesta tiene un nombre: Kando.
En 2026, la experiencia latinoamericana de Kando Trip tuvo como escenario Paracas, Perú, pero sería un error pensar que el evento se trató simplemente de llevar fotógrafos a un destino espectacular para que hicieran buenas fotografías. Paracas fue el escenario; la verdadera experiencia fue Kando.
Sony reunió a creadores de diferentes especialidades y nacionalidades para ponerlos en contacto con nuevas herramientas, pero también entre ellos. Hubo fotografía, video, naturaleza, cine, tecnología, talleres, experiencias inmersivas y espacios de convivencia. Más de 100 invitados provenientes de Latinoamérica, España y Japón participaron en esta edición, de acuerdo con la empresa encargada de la producción.
Y quizá ésa sea la mejor manera de entender qué es Kando: un encuentro donde la tecnología es solamente una parte de la experiencia y donde la conexión entre personas ocupa un lugar central.

¿Qué significa Kando?
La palabra japonesa Kando está relacionada con una emoción profunda, con esa sensación que produce encontrarse frente a algo capaz de sorprendernos o conmovernos.
Sony convirtió esa idea en una experiencia para creadores. Su concepto se sostiene sobre tres palabras: inspirar, conectar y co-crear.
En sus propias explicaciones sobre Kando, Sony muestra a los participantes fotografiando y grabando en escenarios extraordinarios, probando cámaras y objetivos en situaciones reales, aprendiendo de otros creadores y compartiendo comentarios con la propia compañía sobre sus herramientas. El proyecto comenzó en 2017 y posteriormente se extendió a diferentes regiones del mundo.
Por eso Kando no funciona exactamente como una feria de fotografía, tampoco es solamente un workshop. Y aunque existe una fuerte presencia de producto, tampoco se limita a una demostración de cámaras; es en tal caso, una combinación de viaje, experiencia, aprendizaje, creación de contenido y comunidad.
La cámara sale del salón y entra al mundo real
Una de las diferencias más interesantes de Kando es que la tecnología no se presenta únicamente mediante fichas técnicas o demostraciones controladas; los participantes salen a utilizarla.
En Paracas, por ejemplo, tuvieron la oportunidad de trabajar con fotografía de naturaleza, paisaje, aventura y vida silvestre. Las actividades incluyeron sesiones prácticas, experiencias inmersivas y espacios de intercambio entre creadores. Eso cambia completamente la relación con el equipo; una cosa es leer que una cámara puede enfocar rápidamente otra es tener enfrente un ave que cambia de dirección. Una cosa es conocer las características de un teleobjetivo, otra es estar sobre una embarcación intentando fotografiar fauna marina. Una cosa es hablar de grabación cinematográfica, otra es tener que construir una secuencia audiovisual cuando la luz, el viento y el movimiento del entorno no están bajo nuestro control.
Kando pone a prueba al fotógrafo tanto como al equipo.
Y ésa es precisamente una de las razones por las que la experiencia tiene sentido.
Inspirar, conectar y co-crear
Las tres palabras que Sony utiliza para explicar Kando ayudan también a entender cómo se organiza:
Primero está inspirar. La idea es llevar a los participantes a lugares y situaciones capaces de provocar nuevas imágenes y nuevas ideas. Después está conectar. Los fotógrafos y creadores conviven, intercambian conocimientos y conocen otras maneras de trabajar. Y finalmente aparece co-crear, que quizá sea la parte más interesante. Sony no solamente pone sus productos en manos de los creadores; también establece un diálogo con ellos y recibe sus comentarios sobre las herramientas que utilizan. En otras palabras, el evento no termina cuando alguien consigue una buena fotografía.
La experiencia está pensada para que la fotografía provoque otra conversación: ¿Qué hiciste?, ¿por qué lo hiciste así?, ¿qué lente utilizaste?, ¿cómo resolviste la escena?, ¿qué harías diferente?, ¿qué necesitas de una cámara para poder trabajar mejor?
Y en medio de esas conversaciones aparece algo que ningún manual puede enseñar completamente: la experiencia de otros fotógrafos.
Un equipo internacional detrás de las cámaras
Una de las características más interesantes de Kando Trip 2026 fue precisamente la diversidad de perfiles.
No todos los participantes hacen lo mismo y eso es parte del valor del encuentro. La experiencia reunió a fotógrafos de naturaleza y fauna, especialistas en aves, creadores de contenido, realizadores audiovisuales y profesionales vinculados con el lenguaje cinematográfico.
Desde Perú llegó Carlos Gonzales, fotógrafo especializado en fauna amazónica. Su presencia representa una mirada construida alrededor de la vida silvestre y de uno de los grandes escenarios naturales de Sudamérica.
Colombia estuvo representada por José Manuel Soto, especialista en naturaleza y vida submarina; Guillermo “Memo” Gómez, fotógrafo de aves, docente y promotor del aviturismo; y Julián Manrique, director y realizador audiovisual especializado en documentales de naturaleza y comunidades. Estos perfiles fueron identificados por información difundida por el SERNANP a propósito de las actividades de Kando en la Reserva Nacional de Paracas.
Desde Costa Rica participó Alexander Montero, conocido como Alexplorer, biólogo y creador de contenido dedicado a las aves y la vida silvestre. Su presencia vuelve todavía más evidente la intención de reunir distintas formas de contar historias sobre naturaleza: desde la fotografía especializada hasta la divulgación audiovisual.
Y Chile llevó una interesante representación femenina con Anais Afrika, Rekus Polanska (Franche), Natalia Ekelund Retamales y Cari Letelier, cuatro fotógrafas que sumaron otras perspectivas a un encuentro que precisamente busca poner en contacto distintas maneras de mirar.
En este contexto, los participantes dejan de ser simplemente “invitados de Sony”; Cada uno lleva consigo una forma diferente de entender la imagen.
México: de la fotografía al lenguaje cinematográfico
La representación mexicana tuvo además una característica particularmente interesante: Daniel Blanco, fotógrafo y director de fotografía de cine, televisión, publicidad y documental.
Blanco es miembro activo de la Asociación Mexicana de Cinefotografía AMC y Sony Alpha Partner. Su trayectoria incluye trabajos relacionados con cine, documentales, series, publicidad y proyectos audiovisuales, además de labores de postproducción y color. Su participación resulta especialmente significativa dentro de Kando porque ayuda a mostrar hasta dónde se ha ampliado actualmente el concepto de “fotógrafo”.
La fotografía fija y la cinefotografía ya no viven necesariamente en compartimentos separados. Un profesional puede pensar en una imagen estática y, al mismo tiempo, en movimiento, narrativa, luz, continuidad y lenguaje cinematográfico. Eso coincide precisamente con uno de los fenómenos que Sony identifica en la industria actual: las fronteras entre fotografía, video, cine y creación de contenido son cada vez más difusas.Y quizá por eso un cinefotógrafo como Daniel Blanco tiene tanto sentido dentro de un encuentro como Kando.
La pregunta ya no es únicamente “¿cómo hacer una buena fotografía?”, también es: “¿cómo contar una historia con imágenes?”
Paracas como escenario, no como protagonista
Aunque el artículo podría convertirse fácilmente en una nota turística sobre Paracas, ésa no es realmente la historia.

Lo interesante es entender por qué un lugar como éste permite que Kando funcione. El desierto se encuentra con el Pacífico. Hay aves, fauna marina, formaciones rocosas, paisajes abiertos y condiciones de luz cambiantes. Durante la experiencia, los participantes recorrieron distintos sectores de la Reserva Nacional de Paracas, realizaron observación de aves y registraron imágenes de fauna, ecosistemas marino-costeros y paisajes.
Para un fotógrafo de fauna, hay oportunidades, para uno de aves, también, para un realizador audiovisual, el movimiento y el paisaje ofrecen otra posibilidad, para un cinefotógrafo, la luz y la composición pueden convertirse en material narrativo.
El mismo lugar produce fotografías diferentes dependiendo de quién sostiene la cámara.
Y ésa es precisamente la lógica de Kando; no se trata de llevar a todos a hacer la misma fotografía, se trata de ponerlos frente a una experiencia común para descubrir qué hace cada uno con ella.
Un evento que está diseñado, no improvisado
Quizá desde fuera pueda parecer que Kando consiste simplemente en juntar fotógrafos, llevarlos a un destino espectacular y dejar que hagan fotografías. La realidad es bastante más estructurada:
La productora Sintectur, responsable de la experiencia, explicó que la edición 2026 involucró la llegada de invitados desde tres continentes y una producción integral del evento. También señaló que esta edición tuvo el doble de días de actividades que la anterior y que el programa fue diseñado para que cada momento tuviera una intención creativa. Esto es importante porque explica una característica fundamental de Kando:
El viaje forma parte del contenido. No hay simplemente tiempo libre y después una conferencia; el traslado puede convertirse en una experiencia, una sesión puede convertirse en una oportunidad fotográfica, una convivencia puede convertirse en networking. un taller puede modificar la manera en que alguien trabaja y una conversación informal puede terminar generando una colaboración. La experiencia está pensada para que las piezas se conecten.
Más que probar cámaras
Evidentemente, Sony tiene un interés en mostrar su ecosistema de imagen. Durante Kando los participantes pueden experimentar con cámaras, objetivos y otras herramientas en condiciones reales. Las actividades permiten poner a prueba diferentes soluciones de fotografía y video en situaciones que difícilmente podrían reproducirse dentro de un salón.
Pero reducir Kando a una estrategia para probar productos sería quedarse en la superficie, porque después de varias horas fotografiando, lo que permanece no necesariamente es el recuerdo de una cámara. Puede ser la conversación con otro fotógrafo, una técnica aprendida, una fotografía que alguien ayudó a resolver, una nueva manera de observar la naturaleza, una idea para un proyecto o incluso una amistad profesional. Ahí está probablemente el verdadero valor de reunir a personas creativas en un mismo lugar.
Cuando fotografía, video y cine empiezan a hablar el mismo idioma
Kando también refleja algo que está sucediendo en toda la industria de la imagen: el fotógrafo contemporáneo puede ser también videógrafo, el creador de contenido puede trabajar como documentalista, el cinefotógrafo puede producir fotografías, el fotógrafo de naturaleza puede crear contenido para redes sociales y una misma historia puede terminar convertida en una fotografía, un video corto, un documental o una publicación digital.
Sony ha presentado Kando precisamente dentro de esta transformación hacia flujos de trabajo híbridos. La edición de Paracas reunió a fotógrafos, filmmakers y creadores de contenido para experimentar en escenarios naturales y compartir distintas formas de trabajar con la imagen por eso la presencia de perfiles tan distintos resulta lógica:
Carlos Gonzales mira la fauna desde la fotografía, Memo Gómez desde las aves y el aviturismo, José Manuel Soto desde la naturaleza y la vida submarina, Julián Manrique desde el audiovisual, Alexander Montero desde la biología y la divulgación, Daniel Blanco desde la cinefotografía y las fotógrafas chilenas desde sus propias búsquedas visuales.
Kando los coloca frente a un mismo escenario, pero no les pide que lo miren de la misma manera.
Las imágenes no terminan cuando termina el viaje
Hay otra parte importante de la experiencia: lo que ocurre después.
Los participantes producen fotografías y videos durante el encuentro y posteriormente ese material puede llegar a sus propias comunidades digitales. En el caso específico de Paracas, el SERNANP señaló que las imágenes y videos producidos serían difundidos progresivamente en las plataformas de los participantes y mediante acciones de colaboración relacionadas con la conservación, esto convierte a Kando en algo más que una experiencia privada. Cada participante tiene una audiencia, Cada fotografía puede viajar mucho más lejos que el fotógrafo y una imagen de un ave, un paisaje o un ecosistema puede despertar interés por un lugar que alguien jamás había considerado visitar.
La fotografía se convierte entonces en una forma de narrar un destino, pero también de generar conciencia sobre él.
De Iguazú a Paracas
La experiencia latinoamericana de Kando no comenzó en Perú. La edición de Paracas dio continuidad al encuentro realizado en 2025 en Iguazú, donde el escenario era completamente diferente: selva, agua y las grandes cataratas.Ahora el desafío fue otro: encontrar un paisaje capaz de producir una emoción comparable, pero utilizando un lenguaje visual completamente diferente.
De acuerdo con la productora del evento, precisamente esa fue parte del reto: después de Iguazú, Paracas debía ofrecer un escenario con suficiente fuerza para provocar una nueva experiencia. Y ahí aparece una idea muy interesante: Kando necesita destinos que provoquen algo. No necesariamente los más famosos, ni los más lujosos sino aquellos que puedan sacar al fotógrafo de su zona habitual de confort.
En Paracas, Sony reunió a más de un centenar de personas vinculadas con la creación visual y las colocó frente a un escenario natural extraordinario. Pero el verdadero contenido del viaje no estuvo únicamente en lo que había frente a las cámaras, sino en lo que ocurrió detrás de ellas, en las conversaciones, en las diferencias entre cada creador, en las nuevas ideas y en esa posibilidad, cada vez más importante en la fotografía contemporánea, de que una imagen pueda convertirse en video, el video en una historia y la historia en una conexión con alguien que se encuentra al otro lado del mundo.
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