Si en México el futbol suele acompañarse con tacos, botanas y cerveza, en Corea del Sur existe una combinación que se ha convertido en todo un símbolo nacional: el chimaek. El nombre surge de la unión de las palabras coreanas chikin (pollo frito) y maekju (cerveza), una dupla tan popular que hoy forma parte de la identidad gastronómica y deportiva del país.
Para muchos viajeros, descubrir el chimaek es entender una parte importante de la vida cotidiana coreana. No se trata únicamente de comida rápida; es una experiencia social que reúne a amigos, familias y aficionados alrededor de una mesa o frente a una pantalla para compartir emociones, especialmente cuando juega la selección nacional.

El origen de una tradición moderna
Aunque el pollo frito llegó a Corea influenciado por la presencia estadounidense después de la Guerra de Corea, la versión coreana evolucionó hasta adquirir características propias. Durante la década de 1970, el crecimiento económico facilitó el acceso tanto al pollo como a la cerveza, dando origen a una costumbre que poco a poco se volvió habitual en las reuniones sociales.

Sin embargo, el verdadero salto a la fama ocurrió durante la Copa Mundial de la FIFA 2002. Millones de aficionados vestidos de rojo salieron a las calles para apoyar a su selección y el menú favorito para acompañar los partidos fue precisamente pollo frito con cerveza. Desde entonces, la relación entre futbol y chimaek quedó grabada en la cultura popular coreana.
¿Por qué funciona tan bien la combinación?
La respuesta está en el equilibrio de sabores. El pollo coreano suele freírse dos veces, una técnica que le da una textura especialmente crujiente. La cerveza fría ayuda a limpiar el paladar entre cada bocado, mientras que los tradicionales cubos de rábano encurtido aportan frescura y acidez.
El resultado es una botana perfecta para permanecer durante horas viendo un partido sin sentirse demasiado pesado. No es casualidad que muchas cadenas especializadas en pollo frito permanezcan abiertas hasta altas horas de la noche para atender a los aficionados que siguen encuentros deportivos.
Más que comida: una experiencia colectiva
Para los coreanos, el chimaek representa convivencia. Después del trabajo, durante reuniones con amigos o en celebraciones deportivas, compartir una gran bandeja de pollo es una práctica común. En ciudades como Seúl es habitual ver grupos reunidos junto al río Han disfrutando de esta combinación mientras observan el paisaje urbano iluminado.

La afición futbolera ha reforzado aún más esta costumbre. Cuando juega Corea del Sur en una Copa del Mundo o en un torneo importante, las ventas de pollo frito aumentan considerablemente y miles de personas se reúnen en plazas públicas, bares o restaurantes para seguir los encuentros acompañados de cerveza y pollo crujiente.
Un negocio gigantesco
La pasión coreana por el pollo frito alcanza cifras sorprendentes. Existen decenas de miles de restaurantes especializados en todo el país y cientos de franquicias compiten por ofrecer nuevas recetas y salsas. Algunas estimaciones señalan que los surcoreanos consumen alrededor de 20 pollos por persona al año, una cifra que ayuda a explicar por qué el chimaek se ha convertido en una auténtica industria nacional.

La ciudad de Daegu incluso organiza cada verano el famoso Festival Chimac, un evento que reúne a cientos de miles de visitantes para celebrar esta combinación gastronómica con música, espectáculos y, por supuesto, toneladas de pollo y cerveza.
Las variedades que debemos probar
Quien visite Corea descubrirá que no existe un solo tipo de pollo para preparar chimaek. Entre las versiones más populares destacan:
- Huraideu Chikin, el pollo frito clásico y extra crujiente.
- Yangnyeom Chikin, cubierto con una salsa dulce y picante a base de gochujang.
- Ganjang Chikin, preparado con salsa de soya.
- Padak, servido con abundante cebollín fresco.
- Banban, una presentación mitad de un sabor y mitad de otro, ideal para quienes no pueden decidirse.

El sabor del futbol coreano
Para muchos aficionados internacionales, el estadio es el mejor lugar para experimentar la pasión futbolera. En Corea del Sur, esa experiencia continúa cuando termina el partido y los seguidores se reúnen alrededor de una mesa llena de pollo, cerveza y conversaciones sobre las mejores jugadas.
Quizá por eso el chimaek ha trascendido su condición de simple botana. Es una tradición moderna que mezcla gastronomía, amistad y deporte. Una costumbre que nació en las calles y que hoy forma parte del imaginario colectivo de Corea del Sur.
Y aunque el resultado final del partido pueda variar, para millones de coreanos hay algo que permanece constante: el futbol sabe mejor cuando llega acompañado de una orden de pollo frito y una cerveza bien fría. 🍗🍺⚽

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