En México, la historia no solo se visita: a veces también se puede habitar por una noche.
Entre los muros de cantera de muchas ciudades coloniales existen edificios que originalmente fueron espacios dedicados a la vida religiosa: conventos, monasterios o casas vinculadas a órdenes eclesiásticas. Con el paso del tiempo —y particularmente después de las Leyes de Reforma del siglo XIX— muchos de estos inmuebles cambiaron de función. Algunos se transformaron en museos o centros culturales, pero otros encontraron una nueva vida dentro del turismo.
Hoy existen hoteles en México que nacieron literalmente dentro de antiguos conventos o edificios religiosos. Hospedarse en ellos es una experiencia singular: pasillos que antes fueron claustros, celdas monásticas convertidas en habitaciones y patios silenciosos que durante siglos fueron lugares de oración.
Cuando los conventos se transforman en hoteles
Durante la época colonial, las órdenes religiosas construyeron complejos arquitectónicos amplios y bien organizados: claustros, huertos, capillas, dormitorios y áreas comunitarias. Estas construcciones estaban pensadas para la vida contemplativa y comunitaria.
Con las reformas liberales del siglo XIX, muchas propiedades de la Iglesia fueron nacionalizadas y vendidas. Algunos conventos quedaron abandonados durante décadas hasta que proyectos de restauración los rescataron y los adaptaron para nuevos usos.
Los hoteles resultaron una opción natural:
los antiguos conventos ya tenían patios centrales, corredores, espacios habitacionales y ubicaciones privilegiadas dentro de los centros históricos.
Dormir en estos lugares permite experimentar una arquitectura diseñada hace tres o cuatro siglos, donde todavía se percibe el ritmo pausado de la vida conventual.
Un convento del siglo XVI convertido en hotel en Oaxaca
Quinta Real Oaxaca
Uno de los ejemplos más emblemáticos se encuentra en el corazón de Oaxaca.
Este hotel ocupa el antiguo Convento de Santa Catalina de Siena, fundado en el siglo XVI para una comunidad de monjas dominicas. Con el paso del tiempo el edificio perdió su función religiosa y tuvo diferentes usos antes de convertirse en hotel.
La restauración respetó la estructura original del convento: claustros con arcos de cantera, patios interiores con fuentes y largos corredores donde antes se encontraban las celdas de las religiosas.
Hoy esas celdas funcionan como habitaciones, mientras que los patios se han transformado en jardines y áreas de descanso. El resultado es uno de los hoteles históricos más impresionantes del país.
Un antiguo convento adaptado al turismo en Puebla
Quinta Real Puebla




Otro caso interesante se encuentra en el centro histórico de Puebla.
Este hotel ocupa parte del antiguo complejo del ex convento de la Inmaculada Concepción, uno de los conjuntos religiosos importantes de la ciudad durante el periodo virreinal.
El edificio conserva muchos elementos de la arquitectura conventual: corredores con arcos, patios interiores y muros gruesos diseñados para aislar el ruido del exterior. Estos espacios fueron restaurados y adaptados para crear habitaciones y áreas comunes.
Para el viajero, hospedarse aquí es una forma de experimentar la atmósfera de la Puebla colonial desde dentro.
Un hotel ligado a una iglesia histórica de la Ciudad de México
Hotel Gillow
No todos los hoteles con pasado religioso fueron conventos. Algunos provienen de edificios auxiliares de la vida eclesiástica, como casas de retiro o residencias clericales.
Uno de los casos más curiosos es el siguiente:
El edificio que hoy alberga este hotel formaba parte del complejo del Templo de La Profesa, una de las iglesias más antiguas del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Originalmente funcionaba como casa de ejercicios espirituales, un lugar donde religiosos y fieles realizaban retiros, meditaciones y formación espiritual. Tras la desamortización de bienes eclesiásticos en el siglo XIX, el inmueble fue adquirido por el empresario inglés Thomas Gillow, quien lo transformó en hotel.
Un detalle curioso es que parte del edificio prácticamente se integra al conjunto arquitectónico de la iglesia, lo que evidencia su origen religioso.
Dormir en un edificio que alguna vez fue un convento
Hay algo particular en la arquitectura religiosa que la hace ideal para el turismo cultural.
Los conventos estaban diseñados para la introspección:
patios silenciosos, jardines interiores, corredores amplios y habitaciones austeras. Esa atmósfera se convierte hoy en un ambiente perfecto para hoteles boutique o históricos.
Para muchos viajeros, hospedarse en estos lugares no es solamente una cuestión estética. Es una forma de entrar en contacto con la historia cotidiana del México colonial.
En esos mismos corredores donde hoy pasan turistas, hace siglos caminaban novicias, frailes o sacerdotes. Las habitaciones que ahora tienen minibar y aire acondicionado alguna vez fueron celdas sencillas donde se practicaba la vida monástica.
Patrimonio que sigue vivo
Transformar conventos o edificios religiosos en hoteles también tiene una ventaja importante: ayuda a preservar el patrimonio arquitectónico.
La restauración de estos inmuebles suele requerir grandes inversiones. Al adaptarlos al turismo se asegura su mantenimiento, evitando el abandono o el deterioro.
Así, lo que alguna vez fue espacio de retiro espiritual se convierte hoy en refugio para viajeros.
Y quizá ese sea el encanto más grande de estos lugares:
pasar la noche en un edificio donde el tiempo parece caminar más despacio.
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