Desempolvando la Cámara: Domingo en el Parque La Mexicana

Hay ocasiones en las que uno sale con la cámara sin buscar una fotografía en particular.

No hay una ruta definida, ni una lista de lugares que tachar, ni siquiera demasiada intención de hacer “la gran foto”. Simplemente caminar, mirar y dejar que algo llame la atención.

Eso fue lo que ocurrió un domingo en el Parque La Mexicana, en Santa Fe.

Quizá porque llevaba tiempo sin salir a fotografiar con calma, esta vez decidí mirar el lugar de otra manera. Y descubrí que La Mexicana tiene algo particularmente fotogénico: aquí la naturaleza convive, casi frente a frente, con una de las zonas de edificios más reconocibles de la Ciudad de México.

Entre edificios y árboles

La primera impresión puede resultar curiosa.

Santa Fe suele asociarse con enormes edificios de oficinas, centros comerciales, tráfico y una arquitectura que parece competir constantemente por unos cuantos metros más de altura.

Pero basta entrar al parque para que el paisaje cambie.

Los edificios continúan ahí, por supuesto. Se levantan detrás de los árboles y aparecen constantemente entre los caminos. Sin embargo, desde el parque adquieren otra dimensión.

Ya no se observan desde el automóvil o detrás del parabrisas. Ahora hay tiempo para levantar la cámara y mirarlos.

Y eso cambia completamente la fotografía.

Santa Fe desde otra perspectiva. Los edificios parecen inclinarse sobre el parque mientras los visitantes recorren el espacio abierto.

El parque aparece de pronto

Después de caminar entre la vegetación aparece uno de los paisajes más característicos de La Mexicana.

El agua ocupa buena parte de la escena y, en medio, una estructura roja rompe con los verdes y azules del paisaje.

Desde cierta altura, el conjunto parece casi una maqueta: el lago, los caminos, las áreas verdes y, al fondo, las construcciones que recuerdan constantemente que seguimos en medio de una de las zonas urbanas más densas y modernas de la ciudad.

Es probablemente aquí donde uno entiende mejor el atractivo fotográfico del parque.

No se trata solamente de fotografiar árboles o edificios.

Se trata de fotografiar el contraste entre ambos.

El paisaje del parque cambia por completo la percepción de Santa Fe: agua y vegetación ocupan el primer plano mientras la ciudad queda al fondo.

Un escenario en medio del agua

La estructura roja merece una mirada aparte.

Su forma geométrica destaca inmediatamente dentro del paisaje y funciona casi como un escenario suspendido sobre el agua.

Fotográficamente tiene otra ventaja: dependiendo del punto desde donde se mire, cambia por completo.

Desde lejos forma parte de una composición dominada por el paisaje. Al acercarse, en cambio, se convierte en el protagonista.

Y quizá esa sea una de las cosas que más disfruto de salir con una cámara: descubrir que un mismo lugar puede convertirse en fotografías completamente diferentes simplemente cambiando unos cuantos metros de posición.

La estructura roja se convierte en el punto focal del paisaje. Frente a ella, las personas parecen pequeñas dentro de la escala del espacio.

Cuando la ciudad se refleja en el agua

Hay una fotografía que resume bastante bien lo que encontré aquel domingo.

El agua ocupa el primer plano. Una fuente rompe su superficie y, detrás, aparece una sucesión de edificios de diferentes formas y alturas.

Es una especie de retrato de Santa Fe visto desde el parque.

La ciudad está ahí, enorme, vertical y llena de vidrio; el parque, en cambio, se extiende horizontalmente y obliga a caminar más despacio.

Quizá por eso funciona tan bien esta combinación.

Uno representa la velocidad de la ciudad y el otro, al menos por un momento, permite detenerse.

La fuente rompe la superficie del lago mientras el perfil de Santa Fe se levanta detrás. Naturaleza y arquitectura comparten el mismo encuadre.

Mirar hacia arriba

Después de fotografiar el paisaje, inevitablemente la cámara vuelve a dirigirse hacia los edificios.

Y aquí aparece otra de las posibilidades del parque: utilizar los árboles y la vegetación como primer plano para fotografiar la arquitectura.

Desde abajo, los edificios parecen todavía más altos.

Las líneas verticales, los reflejos del vidrio y las diferentes formas de las fachadas crean composiciones que poco tienen que ver con la imagen tradicional de un parque.

Por un momento, parece más un ejercicio de fotografía arquitectónica que una caminata dominical.

Y quizá esa mezcla sea precisamente lo interesante.

Los edificios de Santa Fe vistos desde abajo. El vidrio, las líneas verticales y las formas geométricas convierten la arquitectura en protagonista.

Pero el parque no son los edificios

Después de tantas fotografías de arquitectura, aparece algo que recuerda para qué está realmente este espacio.

La gente.

Una persona caminando con sus perros. Niños en bicicleta. Familias. Corredores. Personas sentadas en el pasto. Visitantes simplemente caminando sin prisa.

Es entonces cuando el paisaje adquiere otra dimensión.

Porque un parque puede tener una arquitectura espectacular, un lago, fuentes y grandes áreas verdes, pero termina siendo un parque cuando las personas se apropian de él.

Y esta última fotografía quizá sea mi favorita precisamente por eso.

No hay un edificio protagonista.

No hay una fuente espectacular.

No hay una composición perfectamente simétrica.

Solamente una persona caminando con sus perros mientras, más adelante, otros visitantes disfrutan el domingo.

Un domingo cualquiera en La Mexicana: perros, bicicletas, niños y personas caminando convierten el paisaje diseñado en un espacio cotidiano.

Desempolvar la cámara

Al final, eso fue lo que encontré aquel domingo.

No solamente un parque.

Encontré un lugar donde se cruzan varias de las caras de Santa Fe: la arquitectura contemporánea, los grandes edificios, el paisaje, el agua, los árboles y, sobre todo, las personas que llegan para caminar, correr, pasear al perro o simplemente sentarse un rato.

Y quizá esa sea una de las mejores razones para volver a sacar una cámara.

No siempre hace falta viajar lejos para encontrar algo que fotografiar.

A veces basta con caminar por un lugar que creemos conocer y mirarlo nuevamente a través de un visor.

Esta vez, la cámara no estaba buscando una postal de Santa Fe.

Estaba buscando un domingo. Y esto fue lo que encontré.

Ángel Abraham Chávez Barrera

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